
Sí; hoy te toca a ti, dulce corazón, joven gacela fugitiva en oscuros bosques de pasión.
A ti corazón; que con dulzura caminas de la mano de una sonrisa, cabalgas a lomo de mis sensaciones, sueñas bella danza de letras con las que escribir mis días, pintas de bella luz la mirada de unos tristes ojos.
A ti corazón; que con adorada pleitesía aún buscas en el oscuro abismo del alma aquellas dulces y mágicas notas que un lejano día puso en tu camino.
A ti corazón; protagonista incansable de sueños por cumplir, frágil héroe de mis noches, víctima y testigo de mis días, implacable reloj que marca la cuenta atrás de mi esperanza.
A ti amigo; insustituible adalid de mis emociones, tú, que inventas día a día ilusiones para compartir, que sustituyes sin mesura un nada por un inmenso y estrellado cielo donde poder perderme, en acompañada soledad.
A ti, mi más preciado tesoro; que cada amanecer abre las puertas del alma para que la fresca brisa llene a suaves bocanadas de dulzura ésta mi vida, para borrar los oscuros jirones fantasmagóricos que quedan pegados en los dedos durante la muerte-sueño.
A ti; que con esmero recoges en silencio y sin descanso los quebrados fragmentos de tu figura para componer con ellos el más bello lienzo a mis ojos, que arropas con ricas sedas mis miedos y mis peores temores, que me arrullas entre angelicales campanillas y pintas sonrisas en mi rostro.
A ti; por siempre, a ti.