
Prometo firmemente asir mortífera daga, empuñar certera espada y protector escudo y caminar sin descanso luchando en el camino por los sentimientos ansiados en el largo transcurrir de los años vividos. Defender mi sueño, mi vida, mis ilusiones, con ahínco, sin descanso, poner a salvo los días que me quedan por vivir.
Prometo descubrir la sinceridad de la sonrisa amiga, encerrar la hipocresía de la juventud, plantar cara a la ignominia, la infamia, al desprecio, a la ofensa, emerger la verdad por encima de todo y de todos, arrancar la cruel y fingida máscara de la falsedad y la astucia, echar a volar la verdad y los sentimientos al cálido cielo.
Prometo redescubrir la vida a través de los bellos ojos que, un día, me fueron regalados, sentir con la ilusión de aquellos que ya no están, infundir a mis actos el valor y el coraje que quedaron enterrados en los crueles pliegues de sábanas blancas de antiséptico aroma; prometo no defraudar a aquellos que creyeron en mí, aquellos que vaticinaron mi presente y mi futuro, aquellos que pusieron cadenas en mi corazón.
Prometo volver a perderme en los ojos que, con dulzura, me miren; recoger las migajas halladas a la vuelta de la esquina y seguir el sendero-con miedo-pero con desafiante ímpetu. Prometo encerrar bajo miles de candados el horror de los recuerdos para no olvidar cuál es mi posición en el juego más no dejar que éstos irrumpan como alazán desbocado en medio del tablero.
Prometo volver a pintar sonrisas en el lienzo olvidado, mezclar tu vida y la mía, transformar el oscuro tapiz arrinconado en la mente en impresionante escena por todos admirada; prometo recoger las frágiles huellas y guiarlas con paciencia y dulzura en la escalera que conduce al infinito.
Prometo asir la mano que, con ansia y temor, se abre ante mí, rodear con fuertes brazos las palabras y los sueños, danzar al ritmo de los deseos y ocultar los fríos cristales que resbalen sin remedio entre negros nubarrones.
Prometo nadar en aguas de vida y no cejar en el empeño.
Queda prometido