Miro, observo, contemplo,admiro la inmensidad del cielo que, desde la lejanía, me saluda y me sumerjo entre las profundidades del misterio que lo envuelve, me pierdo entre los luceros que danzan a través de mis ojos y, entre todos ellos,uno y solo uno, pareciera que llenase mi corazón de recuerdos, de sensaciones perdidas tiempo atrás en el espacio de los años.Uno y solo uno que, con mirada dulce y burlona, pareciese rescatar de lo más hondo de mi ser aquello que creíamos olvidado y enterrado entre años de cordura y sensatez.
Y, de repente, todo vuelve atrás en la vida, el final se une al principio como mágica danza al abrigo de la ilusión.
Uno y solo uno, más como dos luceros que se abrazan en la noche fundiendo en mágica explosión de luz el calor de sus cuerpos...así el misterio que une las almas hace girar sin descanso el engranaje de la vida, el que devuelve a su justo sitio lo que antaño quedó suspendido en el aire a la espera del justo momento en que los sueños tejen delicada y sutil túnica de realidad.
El mar me presta su grandeza, el cielo...la profundidad de una mirada, el viento...el roca de una caricia, el amor...el surco de una lágrima en la mejilla, la noche estrellada...los besos perdidos aún sin nacer, la limpia mirada de unos ojos enamorados, la mente...los recuerdos que aún laten entre mis dedos, la clara mañana...la esperanza de volver a sentirte mío, los cánticos del amanecer...el sonido de tu voz danzando entre mi cuerpo.

Deja que tus ojos me susurren cuánto amor germina en el jardín de tu alma, deja que susurren en queda voz todo aquello que vive dormido y que pugna por salir, que canten a la clara mañana los sueños vividos y sonrían ante el rostro que los venera.
Sueña y dile a la misteriosa noche cuántos días te pensé, cuéntale de qué color era mi vida, mis sentimientos, mis ilusiones.

