Tan solo una nota, una suave y cadenciosa nota de cualquier bella melodía es capaz de arrancar de los dormidos anhelos el más profundo de los suspiros.
Una dulce nota, suspendida en el más lejano pico de las estrellas, mecidas por las miradas de aquellos que, con embeleso, las contemplan, pone en movimiento la marea de las emociones, sentimientos antaño enterrados bajo miles de capas de cordura y diarias rutinas.
...Y la nostalgia emerge, se torna movimiento, toma posesión con valentía y poder del cuerpo y del alma...ya no soy persona, tan solo un conjunto de sentimentales neuronas a disposición de la vida, un inmenso revoltijo de sensaciones que se saludan con entusiasmo...ya no me pertenezco o puede que nunca lo hiciera; quizás siempre formé parte del amor que nunca llegará a mi.
Hoy hay palabras que toman vidas prestadas, que llevan a mi pesar las riendas de mis manos, hoy es más tarde que nunca, hoy es principio y fin.
Hoy será inolvidable.


El mar me presta su grandeza, el cielo...la profundidad de una mirada, el viento...el roca de una caricia, el amor...el surco de una lágrima en la mejilla, la noche estrellada...los besos perdidos aún sin nacer, la limpia mirada de unos ojos enamorados, la mente...los recuerdos que aún laten entre mis dedos, la clara mañana...la esperanza de volver a sentirte mío, los cánticos del amanecer...el sonido de tu voz danzando entre mi cuerpo.

Deja que tus ojos me susurren cuánto amor germina en el jardín de tu alma, deja que susurren en queda voz todo aquello que vive dormido y que pugna por salir, que canten a la clara mañana los sueños vividos y sonrían ante el rostro que los venera.
Sueña y dile a la misteriosa noche cuántos días te pensé, cuéntale de qué color era mi vida, mis sentimientos, mis ilusiones.

