El penetrante azul del enigmático mar quedó fijado en sus bellos ojos y los inundó de vida, les dotó de su poder, de su belleza, de su inigualable inmensidad.
Perderse en ellos se convertía en dogma de fe, en irresistible pero deseada obligación; navegar entre su profundidad era un placer tan cautivador y dulce que hasta las sirenas sentían celos por no poder poseerlos.
Una mirada suya y el cielo se sonrojaba ante tanta belleza, pues en ellos se plasmaban los nobles sentimientos de un corazón sencillo y bondadoso.
Ojos azules...mirada repleta de sensaciones, de vivencias ancladas entre lágrimas y sonrisas, de palabras y frases que todo lo cuentan, de sinceros abrazos que abren nuevos caminos por descubrir.
Ojos de mar y cristalinas aguas, de celeste cielo...tan límpidos y claros que reflejan las ajenas sonrisas que lo acompañan; tan tiernos y dulces que transforman las bellas notas de una melodía en suaves latidos del corazón que- atento- los contempla.
Ojos de intenso cielo...tan profundos como el universo, tan misteriosos como las historias que, en su interior, guarda; cautivadoras miradas que penetran sin piedad hasta la bondad más recóndita del alma.
Ojos azules...tus bellos ojos repletos de vida.







El mar me presta su grandeza, el cielo...la profundidad de una mirada, el viento...el roca de una caricia, el amor...el surco de una lágrima en la mejilla, la noche estrellada...los besos perdidos aún sin nacer, la limpia mirada de unos ojos enamorados, la mente...los recuerdos que aún laten entre mis dedos, la clara mañana...la esperanza de volver a sentirte mío, los cánticos del amanecer...el sonido de tu voz danzando entre mi cuerpo.

