En el lúcido y acogedor misterio de la noche es donde te encuentro, en su silencio, en su magia. Abro los ojos y la mente y siempre hallo la enigmática mirada que todo lo cuenta y a nadie habla.Escucho tus susurros, leo tus gestos, tu sonrisa, tus maneras, tu yo más profundo y entonces comprendo una y mil veces porqué te amo.
Llenas de sonrisas los gráciles movimientos de ese cuerpo tan infinitamente besado por mí y acierto al pensar porqué estoy aquí, a tu lado y dentro de tí, en la clara mañana y en la fatigosa noche que a todo envuelve, entre suspiros y jadeos, entre el más puro y virginal blanco y misterioso y desesperante negro, entre imprescindibles silencios que en el fondo del alma reposan y jaraneros bullicios para vestir los días de fiesta y color.
Y sigo aquí, por siempre, acariciando cada fatiga de tu rostro, cada logro de tu vida reflejado en sonrisas aún por descubrir, desandando fatigosos caminos para ir a tu encuentro, fabricando sueños para ofrecerlos a tus pies, nadando en la juventud que siempre percibes en mis ojos, brindando con el más puro deseo el sentimiento que me embarga, anhelando posar mis ojos en tus labios y recibir de vuelta la pasión de tus manos en mi ardiente piel, volver a ser tuya una y mil veces sin fin, ser locura entre cuerdas frases y vigoroso sentido en tu vida.




El suave roce de las palabras, aún sin nacer, subyace en los labios que las apresan; la mirada se convierte en artífice y autora del silencioso deseo para hacer llegar hasta ti los más bellos versos de amor jamás pronunciados…por eso te amo.

