
¡Sssssss! Silencio.
No echéis a volar ni uno solo de los bellos suspiros que el corazón ilusionado crea a cada instante.
No roceis con amorosa intención las queridas arrugas del rostro forjadas en sufrimientos y noches de añorada compañía.
No dejéis escapar las huidizas miradas de las tristes retinas que soportan con resignación las idas y venidas de olas en el mar de la desesperación.
No busquéis el perdido consuelo en el tiempo y etéreo espacio, ni llameis a la cordura de las almas perdidas.
Cerrad los puños con inusitada fuerza cuando el dolor camine en la oscura vereda de vuestras ensoñaciones.
Apretad fuerte los ajados y resecos labios, amarga muestra del sufrimiento en llanto ahogado y contenido.
Volad con sumo cuidado y quietud entre el arco-iris de pueriles y atrayentes ilusiones nacidas y aún por nacer.
Porque el monstruo se ha dormido; cansado, exhausto, extenuado, rendido en el enérgico esfuerzo realizado, majestuoso por los crueles logros obtenidos.
Durmiendo; sí, pero siempre atento, hasta en el dulce sueño esperando atrapar a su inocente presa.
Corazones confiados, almas sin descanso ni paz, bulliciosas vidas que no dejan hueco ni estancia al deseo, solitaria tristeza en confiado rostro, amigo infiel de fingida sonrisa.
El que se alimenta de las ilusiones que forjan sonrisas, de la paz que borra del rostro la amarga huella del dolor, de la amistad comprendida y compartida en largas horas al arrullo de confidencias miles. El que convierte en miles de astillas el dulce sentido de la vida.
Por eso os pido; ¡Ssssssss! Silencio; el monstruo está dormido.



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