A pesar de los testimonios de las compañeras y del relato de sus experiencias, los momentos vividos superaron todas las expectativas soñadas por mí y, por supuesto, por ellos.
Previo al día señalado estuvimos buscando imágenes y un poco de historia sobre los lugares a visitar quedando patente el interés suscitado y las inmensas ganas de aprender de "mis "pequeños alumnos.
...Y llegó el día tan esperado; el viaje se hizo de lo más ameno, cantando, charlando y contestando a las miles de preguntas que salían de sus pequeñas bocas. La primera visita; el Parque de las Ciencias, donde aprendieron que la ciencia es algo más que meros textos de los libros...exploraron, jugaron con el agua, conocieron el funcionamiento de la noria,y !hasta tocaron el piano con los pies y sus pequeños traseros!.
Visitamos un mariposario, el mundo animal y dimos un mágico paseo por el espacio.
Los contenidos explicados a lo largo de dos días en la clase tomaron forma y color en sus retinas y con sabiduría de adultos fueron contestando a todas las preguntas de las asombradas monitoras.
Y a la tarde...la visita a La Alhambra, escenario de bellos cuentos y leyendas, de luchas encarnizadas y grandiosos jardines; un escenario ideal.
Quedamos sorprendidos por la belleza del entorno, el educativo recorrido, la expectación que despertamos en el resto de visitantes, por la inigualable ciudad-fortaleza y por la pedagogía del guía que, en todo momento, supo captar la atención de los pequeños.
Pero, ¿sabéis lo que más me sorprendió?...la lección que unos niños tan pequeños nos dieron a todos; en comportamiento, en atención, en aprendizaje, en educación, en tolerancia...
Ojalá todos fuésemos como ellos...abiertos a la vida, a la verdad y al conocimiento.
Lo peor....lo poco que duró.







