
Es por eso que cojo mi copa y elevo a lo más alto, al eterno e inalcanzable infinito, el más sentido y exquisito brindis que de lo más hondo de mí nace.
Porque hoy, aquí y ahora, brindo por los sueños que quedaron suspendidos en la nada; aquellos que solo existieron en maltrecho corazón, que no llegaron a ser ni siquiera un proyecto.
Brindo por las caricias que ya nunca nacerán; quedarán reducidas a polvo de camino, insignificante y mugriento.
Brindo por tantas y tantas mañanas de clara luz vacías de sentido, de vivencias, de alegrías; por los años que, en balde, se fueron para nunca jamás regresar; brindo por lo que pudo ser y nunca fué ni será, porque somos como somos; por la amarga resignación que llena nuestras vidas, por el amor que emigró buscando nuevas primaveras.
Brindo por la vida que, en horizonte lejano, se diluye; por la mirada que perdió la inocencia de verse reflejada en ojos amantes; por lo que nunca tuve ni tendré, por las lágrimas derramadas, por la cobardía de los actos, por la mentira que destruye vidas, por mí, por tí que me lees, por todos los que alguna vez en su vida soñaron soñar- o al menos así lo creyeron-.
Brindo por la pureza de los sentimientos, por lo que queda de vida, por los valientes, por los que nada desean pues todo lo tienen en su interior, por la soledad de los que aman, por la vida.